Carta urgente

«Lo que siento no puedo ocultarlo, se puede leer en mis letras o en las de otros, aun más hermosas, y con música de fondo. Lo que siento es más tuyo que mío, por eso aquí te lo escribo.»

A quien corresponda:

Antes de empezar quiero ofrecerte una disculpa por todo el tiempo que ha pasado y que en vano te he esperado, por todas las preguntas que te disparé y que tú en legítima defensa esquivaste.
Por mal interpretar tus silencios y querer volverlos poesía, por todos los intentos de poemas que te he escrito y que tú a bien has ignorado.
Por todas las canciones de amor y desamor que te he dedicado y que nunca has escuchado.
Por mis noches de insomnio en las que el sueño ha escapado por la misma ventana en que entraban tus mensajes de buenos días inundados de hermosos deseos.
Por sentirme musa de los versos que una vez tus manos escribieron y por creerme dueña de los sístoles y diástoles de tu corazón enamorado.
Por haberte dado un lugar en el mío sin antes preguntarte si lo querías y por hacerte un espacio entre mis letras, mismo que tu ausencia me ha dejado en blanco.
Por la tristeza que se pasea por los pasillos de la ilusión que creamos y que llora desconsolada al ver que ha desaparecido.
Por este dolor que carcome mis entrañas y corroe poco a poco mi alma, que llena de soledad mis vacíos y hace que sea imposible el olvido.
Por extrañarte aun cuando tú ya ni me recuerdas y por seguir queriéndote a pesar de que para ti, seguramente, lo que viviste a mi lado ya forma parte del pasado.

Por este amor que sentiré a pesar de todo, más allá de la distancia, del tiempo y de la misma muerte.

Discúlpame, de verdad, por todo lo que siento y por no empezar esta misiva con un “¿cómo estás?”, me queda claro que mejor que yo, pues tú no has hecho drama como lo está haciendo mi estúpido corazón día tras día.

Perdón por seguir insistiendo con lo mismo y por escribirte esta carta que no te enviaré; pero sé bien que un día vas a leer. Espero algún día tener tu misma indiferencia y ser recíproca con lo que, aun sin hacer nada, me has regalado.

Te mentiría si termino estas líneas con un “quedo en espera de tu respuesta” porque aunque has tenido muchas oportunidades para hacerlo por alguna extraña razón te has quedado callado y a estas alturas, sinceramente, ya no espero nada…

Atentamente
Naina ૐ

 

Dueles

«Las personas no dejan de doler un día simplemente porque uno quiera; sino porque ya no importan. Y tú siempre serás importante para mí así me duelas toda la vida.»

Algunos días me dueles como siempre, como el agua que se escapa de entre los dedos, como el sueño que se despierta antes de tiempo porque se ha vuelto imposible o como las letras que se escabullen de mis manos y se niegan a escribir un verso.

Algunas noches me dueles como nunca, ‪como el final inesperado que llega antes del comienzo, como las palabras que se lleva el viento o como las tantas preguntas que te hice y que con tu huida dejaste sin respuestas sin ningún remordimiento.

Algunas veces dueles tanto que me impides respirar y tengo que romper en llanto para desahogar los suspiros que se me quedaron muy dentro guardados y que se me incrustan en los pulmones al recordarte.

Duele tu ausencia, la tristeza con que maquillo mis ojos, la soledad con la que se viste mi cuerpo, la sonrisa fingida cuando escucho a alguien decir tu nombre y ni te conoce, mi reflejo triste en el espejo, las tardes de lluvia a través de mi ventana, tus pasos que resuenan en el pavimento y que de mí te están alejando.

Mansamente, insoportablemente, me dueles…”

Ojalá pudiera decirte que dejarás de dolerme pronto, ojalá pudiese darte una fecha; pero para serte sincera no sé ni en qué día vivo ni qué hacer con el tiempo que me sobra… lo único que sé es que duele extrañarte a pesar de tu olvido y quererte a pesar de tu silencio.

Gracias

«No hay peor sensación, cuando termina algo que nunca comenzó, que no saber si decir “lo siento”, “gracias” o “adiós”.»

Quizá ese fue tu papel, encontrarme entre tantas palabras extraviadas en este mar inmenso de letras. Tal vez fuiste enviado para ayudarme a amarme a mí misma, para salvarme de la oscuridad que invadía a mi alma.

Quizá ese fue tu propósito, hacerme sentir en tan poco tiempo lo que nadie nunca antes en años. Tal vez tu misión fue enseñarme que aún puedo ilusionarme, que todavía puedo enamorarme y que merezco un amor entero y no partido por la mitad, alguien que tenga el valor de jugársela por mí y me ofrezca no menos de lo que yo puedo darle.

Quizá ese fue tu objetivo, romperme el corazón con tu indiferencia y tu silencio para luego largarte como lo hicieron los que estuvieron antes de ti, por la puerta de atrás. Tal vez ese fue tu plan desde un principio, hacerme entender que a mi edad ya no puedo confiar en nadie ni deslumbrarme con la primer palabra bonita que me digan ni con el primer poema que me escriban.

Por si nunca te vuelvo a ver, quiero que sepas que te agradezco por aparecer en mi vida y ayudarme, por quitarme la venda de los ojos, por mostrarme la luz y por dejarme en la salida correcta para continuar mi propio camino.

Gracias, yo sola puedo seguir desde aquí.


Páginas en blanco

«No creo en el destino ni tampoco que sea una casualidad hayas podido, entre tantas letras, encontrarme, porque sin saberlo yo también te he buscado, todo el tiempo y en todas partes.»

Hay quien cree que la vida está llena de casualidades o que todo está predestinado y hay quien, como yo, que no cree ni uno ni lo otro. En primera porque las únicas “casualidades” que me han ocurrido han sido irónicas y en segunda porque dudo mucho que mi vida ya esté escrita, y el solo hecho de imaginar que sigo un guión hace que piense que nada de lo hago o diga tiene sentido. Es verdad que todo sucede por algo; pero quiero creer que he sido partícipe o culpable, en todo caso, de lo que me ha acontecido, que nada por lo que he pasado ha sido por casualidad.

Siempre he creído que la vida es un libro y que a cada persona le corresponde una o más páginas en blanco donde escribe su historia, una historia con momentos buenos o malos, con o sin finales felices, lo que los demás escriban no nos incumbe, a menos que nos involucre en sus personajes. Si nuestras páginas están llenas de pésimos relatos es nuestro deber, si es necesario, borrarlos o en casos muy extremos, arrancar las hojas y empezar de nuevo. Culpar a los demás no hace que cambie nada. Nadie es más responsable de lo que sucede entre el lápiz y la hoja que nosotros mismos.

Por eso escribo, o eso intento. No soy ninguna poeta ni escritora, pero me fascina hacerlo. He empezado historias por el final, otras he dejado inconclusas, no todas han sido bonitas, algunas han sido muy malas, pero de ninguna puedo quejarme, cada una han dejado en mí un aprendizaje para no volver a cometer los mismos errores y cierta madurez para saber a quien elegir como protagonista de mi próxima aventura.

Así que seguiré escribiendo, borrando y arrancando páginas, empezando de nuevo mientras me queden hojas, continuaré haciéndolo mientras tenga un porqué… hasta dar con ese desenlace tan deseado en la que será la historia de mi vida, una historia con un final lleno de destellos de felicidad.

Sigo aquí

«No tenías que irte dejándome este amor desmesurado y la vida por delante para vivirla sin ti.»

Isabel Allende

A veces, muchas veces, he estado tentada a irme como muchos lo hacen, borrarme de la faz de la tierra y olvidarme de todo y de todos; pero nunca he sido una cobarde. Por eso sigo aquí, no por valiente, sino porque disfruto mucho poetizar mis errores, defectos y debilidades con el único fin de que un día me acepten como yo a ellos y pueda mirarlos de frente.

Pero el tiempo, en ocasiones, siento que pasa tan rápido que me ralentiza el olvido, y otras tan lento que me apresura los recuerdos, tu recuerdo especialmente. Y créeme, no soy yo, es este pinche reloj que se descompone en los peores momentos.

Tal vez sigo aquí porque en el fondo aún guardo la esperanza de que regreses y vuelva yo a ser la musa de tus hermosas letras. Soy una idiota, lo sé, pero es culpa de mi corazón que es un tanto loco, inmaduro y peca de tonto, no sabe entregarse si no es entero, aun cuando está en pedazos y ama aunque nunca le hayan correspondido los “te quiero”.

O quizá es que espero me digas ese “lo siento” aunque no lo sientas o ese “perdón por haberte lastimado”. Y no, no es que con tu disculpa me fuese a sanar la herida que me hizo tu silencio; pero al menos hubiera aminorado un poco el dolor de nuestra inminente despedida.

Descanso en paz

«Si sobrevivo a tu olvido; sé que en cualquier momento tu recuerdo me matará.»

Quizá no quiera aceptarlo; pero en el fondo sabe que si hoy está mejor y es feliz con ella es gracias al daño que me hizo. Y aunque no le odio ni le guardo rencor, sepa usted que no solo le deseo lo mejor, sino que se lo exijo.

Pero, por lo que más quiera, no venga a buscarse más entre mis letras, ya yo le he borrado, incluso le he perdonado.

Tampoco venga a querer escribirse, en las hojas del libro de mi historia ya no tiene espacios en blanco.

Para mí ha muerto y con su deceso muere todo lo que me dijo, los sueños que no se cumplieron, los versos que me escribió, la promesa que me hizo, mi ilusión rota, la esperanza destrozada, su indiferencia que me hería, su silencio inmerecido y el tiempo que viví a su lado.

Para usted ya no tengo nada, solamente un poético epitafio de un solo vocablo:

«olvido».

Y perdón que no le guarde luto ni me entristezca su felicidad, pero es que con su muerte soy yo la que descansa en paz.

Ni puta idea

«Él cree que escribo poesía, pero solo son letras llenas de sentimientos.»

Yo de poesía no tengo ni puta idea,
y a veces ni siquiera estoy segura de saber escribir.
Me encantaría hacerlo como lo hacía Benedetti o Sabines,
poder encontrar las palabras precisas
para describir lo que por ti siento,
pero ninguna me resulta suficiente.

¿Y si te invento una como Frida a su Diego?
Quizá eso haga falta, una palabra exclusiva
que hable de ti y de mí, de nosotros,
de tus secretos que guardas entre líneas,
de los besos que no pudimos darnos,
del sudor que transpira mi cuerpo al sentirte dentro,
de nuestras miradas cómplices al leernos,
de las canciones que nos debemos
de las cartas que por temor no enviamos,
del sueño que teníamos por despertar al lado del otro.

Yo en verdad quiero escribirte un poema
uno que hable de lo inmenso de mi amor,
uno que lleve tu olor impregnado en los versos,
uno que te diga la falta que me has hecho estos días
y pueda traspasar la distancia y el tiempo
pero ni puta idea tengo de cómo escribir poesía.